Fanfic #Barcedes: Capítulo segundo

¿De qué va?

Historia basada en la telenovela «Perdone nuestros pecados», ambientada en el Chile de finales de los 50. Mercedes y Bárbara han confesado su amor por la otra, pero Sofía Quiroga las ha visto en una situación comprometida y las ha amenazado con contar a todo Villa Ruiseñor su relación.

Aquel día soplaba el viento con cierta fuerza y jugaba a placer con las hojas secas generando un remolino cobrizo entre las columnas de la entrada de la casa Möller-Undurraga. Dentro de la casona había otro torbellino de diferente naturaleza. Mercedes le dio un par de vueltas a su café, nerviosa ante la insistencia de su padre.

–No te pongas así, Mechita, no digo nada que no conozcas ya.

Ernesto fumaba de pie y el ceño fruncido. Le contrariaba que su hija no tuviera ningún pretendiente. Mercedes se movía inquieta en el sofá. La taza de café le temblaba en las manos y hacía un ruido intermitente al chocar con el platillo. Aun así, no quería desprenderse de ella pues le ayudaba a mantener la boca ocupada mientras fingía beber para no contestar de manera inapropiada a su padre. Hacía rato que había dejado la cuchara sobre el platillo, pero el café seguía dando vueltas. Mercedes miraba fijamente el interior de la taza. Se le había instalado un nudo en el estómago y el remolino del café la tranquilizaba de alguna manera.

–No desearía que te quedaras solterona y que la gente chismorreara.

–Ay, papá, ¿por qué no entiende que soy feliz como estoy?

–Pero un hombre te daría hijos…

La campana de la puerta interrumpió al alcalde Möller. Agitó la muñeca y miró su reloj.

–¿Esperas a alguien? –preguntó a su hija.

–Sí, le pedí a Bárbara que viniera para no estar sola –murmuró Mercedes con la boca pegada a la taza. El café subió por la pared y le mojó los labios.

–¿Sola? –preguntó Ernesto.

–Ahá. Tenía una cita en Chillán, papá. ¿No lo recuerda?

Su padre miró a la lámpara que colgaba del techo para que le iluminara.

–Es cierto –Señaló a Mercedes con los dedos que sujetaban el cigarro–. No te quedarías sola si tuvieras un marido, hijita.

Ernesto se dirigió a la puerta y Mercedes aprovechó ese momento para mostrar lo que le agotaba la idea fija de su padre con una mueca de impaciencia. Dejó la taza sobre al mesita y se puso en pie para recibir a su amada.

El alcalde abrió la puerta y, sin dejar que Bárbara le diera las buenas tardes, dijo.

–Viene usted justo a tiempo –Miró de nuevo su reloj–. Tiene un par de horas, quizá tres, para convencer a mi hija de que necesita un marido.

Se hizo a un lado e invitó a Bárbara a que pasara al salón. La invitada lanzó un beso a Mercedes que la hizo ruborizarse. Bárbara giró de manera dramática sobre sus talones y se dirigió a Ernesto.

–Como mujer casada puedo darle a su hija buenos consejos sobre el matrimonio –dijo.

Ernesto afirmó satisfecho. Bárbara se giró de nuevo hacia Mercedes.

–Mi primer consejo es… No te cases. ¡Los hombres sólo dan problemas!

Mercedes rio por lo bajo, tratando de que no le viera su padre para no herir su orgullo de hombre.

–Pero, ¿cómo puede usted decir eso? Así no ayuda nada –protestó el alcalde de Villa Ruiseñor.

–Míreme a mí, señor Möller. Tantas noches en vela esperando a que volviera mi marido, sufriendo por saber si estará bien…

–Ah, bueno –dijo Ernesto-, pero es que usted está casada con un comisario de la policía. Es un caso excepcional. La idea es casar a Mercedes con un hombre más tranquilo, con inquietudes culturales y de buena familia.

–Suerte con la búsqueda –contestó Bárbara.

Ernesto protestó de nuevo. Bárbara le estaba pareciendo muy impertinente y no le gustaba nada la idea de que Mercedes y ella fueran tan amigas. Pero debía irse a su cita y ya llegaba tarde.

Se puso su sombrero y agarró el picaporte de la puerta.

–Que la pasen bien esta tarde, señoras.

Cuando la puerta se cerró, las chicas soltaron una carcajada que llevaban conteniendo varios segundos. Mercedes se lanzó a los brazos de Bárbara.

–Hemos estado juntas esta mañana y ya te extrañaba.

El café seguía dando vueltas dentro de la taza de porcelana.

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