Capítulo 19: El desafío

Estoy en la cocina desayunando cuando aparece mi madre. Viene con un trapo para el polvo. Quiere dejar limpia la casa antes de ir a trabajar.
Mi madre y yo no es que seamos muy habladoras por la mañana, pero hoy no nos damos ni los buenos días.
El aire huele a café y naranja y noto el amargor en el paladar.
Carraspeo un poco.
-Mamá…
Se gira hacia a mi y espera con una mano sobre una silla y la otra en la cintura.
-Este finde me voy a Londres, ¿vale? -le digo lo más firme que puedo.
Mi madre no contesta de inmediato. Me mira fijamente a los ojos pero yo desvío la mirada a las baldosas de enfrente.
-¿Y con quién vas? -pregunta en un tono poco conciliador.
-Pues… con Mamen. Ella está allí ya.
Podría haberle mentido pero no he tenido reflejos suficientes y temo haber metido la pata.
Mi madre se torna primero blanca y luego roja. Roja de ira.
-Ni se te ocurra.
Es su última palabra, o eso pretende porque quiere salir de la cocina. Me levanto para dejar el tazón en la fregadera y le corto el paso.
-Mama… podía haberte mentido y no lo he hecho.
-Me da igual. No vas a Londres y con esa menos -lanza ese “esa” como un escupitajo directo a mi ojo.
-Mama… -trato de mostrarme conciliadora. Sé que no consigo nada por las malas, pero ella no me lo permite.
-Ni mama ni leches -dice levantando la voz.
Esta vez soy yo la que le miro fijamente a los ojos y creo ver una sombra de duda en los suyos.
-No te estoy pidiendo permiso. Te estoy informando. Me voy el viernes.
Me tiemblan las piernas y creo que estoy a punto de desmayarme, pero aguanto el tipo.
-No me gusta nada lo que haces. Y no lo apruebo así que más vale que lo dejes.
-No he matado a nadie, mamá.
-A mi me vas a matar. De un disgusto.
Ante mi aparente entereza, mi madre suelta la frase, esa frase que viene en el repertorio de frases de madre como último recurso.
-Tú sabrás lo que haces.
Más de una vez, en el pasado, respondí a esta frase con una vacilada o con una contestación fuera de lugar. El resultado era siempre el mismo: una sonora bofetada en la cara. Hace tiempo que aprendí esa lección. El mismo tiempo que sé que esa frase ni es mágica ni tiene poderes y que alguna vez la hija tenía que salirse con la suya, aunque fuera para equivocarse de lleno.
Salgo de la cocina sin estar muy segura de haber ganado la batalla. Apenas saludo con un gruñido a mi padre cuando le veo aparecer por el pasillo.
-¿Y a ti qué te pasa ahora? -me pregunta mi padre.
-¡Que me voy a Londres!
-Ah… bien. -dice con gesto perdido. -Pero, ¿ahora?

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8 comentarios

  1. Ahora, padre, ahora. ¡Ayer!

    Si buscas en el diccionario situaciones de mierda, esta estaría entre las acepciones. O estaría, si situaciones de mierda apareciese en el diccionario.

    Oye, ¿tú sabes dónde está la escuela de madres a la que van TODAS las madres?

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