Spice World. The Movie es una película valiente de cinco chicas que sabían que iban a ser despellejadas por hacerla porque, básicamente, se las despellejaba por cualquier cosa que hacían.

Se van a cumplir 20 años del estreno de la película Spice World. The Movie, protagonizada por las archiconocidas, en su momento, Spice Girls. Todas sabemos que no es una película que pasará a la historia por su guión, ni su dirección, ni, mucho menos, por sus actuaciones, pero sí lo hará por otras cosas.

Las Spice Girls irrumpieron en la escena musical con su single y videoclip Wannabe, que definía a la perfección sus objetivos: romper moldes, empoderar a las niñas y poner las mesas patas arriba.

Ese era su mensaje: cualquier cosa que hagas, estará bien, ya sea jugar al fútbol, llevar minifalda o teñirte el pelo. Y todas empezamos a llevar plataformas o tops o chándal sin complejos, y a no callarnos ante los comentarios ofensivos de los chicos. Ahí fue donde ellos empezaron a perder el rumbo, a descubrir que estábamos dispuestas a rebelarnos ante las cartas que nos habían repartido. Ahí fue donde comenzó el feminismo pop.

Todas nos identificábamos con alguna: la salvaje, la provocadora, la dulce, la deportista o la sofisticada. Estaba muy estudiado, era un producto de marketing que aprovechaba la nueva ola de artistas femeninas con mensajes propios (Alanis Morrissette, TLC y Destiny’s Child en la MTV, y el Riot grrrl en el underground) a la que sumaba el poder adquisitivo de las niñas de 13 años de mediados de los 90 para generar un producto que, quizá, se les fue de las manos. 

Con ellas escuché por primera vez la palabra “bisexual” para definirse, y descubrí que existía un “girl power”. Pero sobre todo, me reafirmaron en la idea de que no quería ser un chico o no era una marimacho sólo por el hecho de que me gustara jugar a fútbol, como así me hacían creer algunas personas (¡Gracias, Mel C! –tú siempre fuiste la mejor voz).

También aprendimos lo que era la sororidad, la solidaridad entre mujeres, a aceptar las diferencias y colaborar entre nosotras, rompiendo el mensaje que durante décadas nos había inculcado Disney, dedicado a alimentar una falsa misoginia femenina.

20 años después, seguimos en la brecha, y de aquel feminismo pop hemos pasado al feminismo filosófico, al Riot grrrl, a la conciencia política, artística y social, a mirar de otra manera; a pensar de otra manera. 

Gracias, Spice. ¡Larga vida al Girl Power! 

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